Dices que siempre encuentro una excusa para huir, que no me fío de nadie, que no confío en ti. Soy una hoja caída al pie de la montaña, indecisa sin saber lo que hacer ni que decisión tomar. Desearía salir corriendo y olvidarme de todo, olvidar que algún día te conocí. Hace ya tiempo que perdí la cuenta de los días que paso sin verte.
Encerrada en un mundo aparte recorriendo bosques en tu busca, tu dichoso nombre que se repite en mi cabeza y amenaza con borrarse si no te encuentro. Supongo que es el miedo a que definitivamente halla muerto cualquier sentimiento hacia a mi, puede que por eso me sienta tan vacía últimamente. De nuevo cae el ultimo rayo de luz naranja en la ultima hora de la tarde, otro día más, y el negro paisaje empieza a perseguirme, corro por el bosque utilizando mis ultimas energías en poder alejarme de la noche y así poder seguir buscándote bajo el sol, que aunque me quema, al menos no me impediría verte si te encontrara. Corro inocentemente hasta que no puedo más y me caigo, la oscuridad me atrapa y con ella el sueño, una vez tumbada bajo la luna, creo verte… mis heridas paran de sangrar, la sangre ya ni corre ni me arde… el alivio al pensar que tú estás cerca, hasta que despierto y ya no estás.
En silencio y bajo la luna, que poco alumbra, luna oscura que parece atrapar el cielo y ser capaz de apoderarse de la noche y del día.
La noche se alarga fríamente y pierdo la esperanza de volver a ver el sol, pierdo la esperanza de encontrarte. Ya silencio, es lo único que me acompaña.
La historia del bosque se hizo eterna y me dejó atrapada con él, poco a poco mi memoria se desvanecía conmigo, mi existencia se volvía borrosa, el bosque fue mi único compañero fiel Por eso no te encontré, nunca te conocí y... nunca más te volví a ver.