Te dejo mi vida, así como lo lees, toda ella está llena de ti, de tus
recuerdos, Henry…
Tiene una estación a la que siempre llegaba para ir a tu casa, donde
al llegar me miraba en los espejos e intentaba, nerviosa, verme bonita para ti.
En ella también está tu habitación, nuestra cama, donde dormimos
abrazados alguna que otra vez, aunque ahora las sábanas están siempre limpias y
nuevas, no podría soportar ahora el olor a ti, a tu piel, a tus besos ni a tus
caricias. En realidad nadie que entrara ahí soportaría ese olor de amor roto y
malogrado que se ha quedado en el aire, pero es solo cuestión de tiempo para
que se quite y ya no quede nada.
Hay un sin fin de cajas, puedes vaciarlas o tirarlas yo no me atrevo…
están llenas de nuestras historias, nuestras conversaciones hasta el amanecer,
de nuestros sueños y de mis errores, mis errores contigo.
Por mi vida también hay esparcidas miles de notas de colores,
recógelas todas y mándalas a algún lugar donde la gente nunca termine lo que
empiece. Son promesas que algún día cumpliríamos, promesas que no cumpliremos.
También está la ducha, donde mis manos recorrían todo tu cuerpo y tus
labios el mío, todo el amor que había en miradas mientras las gotas caían. De
ella no tienes que preocuparte, al contrario que tu habitación, la ducha no
huele a nada, el agua siempre lo limpia todo.
Hay un paragüero vacío, sabes que siempre me gustó mojarme bajo la
lluvia y calarme hasta los huesos.
También había un teléfono que no me atreví a desconectar por si te
equivocabas y marcabas mi número, si llaman responde y si te preguntan por mi,
di que ya no sabes nada de mi, que no sabes si ya te olvidé, que ha pasado una
eternidad y que tampoco sabes si aún estás a tiempo.
Ahí te la dejo, es toda tuya, no se la enseñes a nadie de quien te
puedas enamorar, ya está medio rota y en realidad… no es tan fuerte como
aparenta.