Ya echaba de menos el olor a lluvia, la tierra mojada, el cielo gris.
Esa sensación de felicidad y relajación mientras camino por la calle sin prisa
y las gotas de agua me van cayendo por encima, haciendo que segundo a segundo y
gota a gota me vaya empapando hasta los huesos. Hacía tiempo que no recordaba
lo exageradamente bien que se está justo ahí debajo. Y ya único que falta por
llegar, es el invierno.

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