Hace tiempo escribí que el peor sentimiento que podía sentir
alguien era la impotencia, pues nunca nadie se ha sentido triste, colérico o hundido
antes de sentirse impotente.
La tristeza, la melancolía, la soledad, incluso la esperanza,
son sentimientos peligrosos y difíciles de llevar, más todas derivan de un
mismo comienzo impotente. Sin embargo, si
tuviese que elegir una de ellas, la peor, para mí sería la ira. Esa vacilante y
caprichosa ira. Se marcha y piensas que se ha ido para siempre, que lo has
superado, hasta que de repente aparece en tus narices y te consume en un
momento, te exprime hasta la última gota en apenas segundos. Te recorre el
cuerpo y la sangre sin casi darte ni cuenta, para luego volver a irse… Vivir
con ira no es nada fácil.
Te he odiado toda mi vida. ¿Qué clase de persona abandona a una
niña de 7 años? Ya no era un bebé, me conocías, paseábamos y jugábamos juntos.
Pasé gran parte de mi vida pensando que yo había hecho algo malo, o tú me
habrías querido. Te habrías quedado conmigo. ¿Tienes la menor idea de qué le
hace eso a una persona? Crecí pensando que nunca fui suficiente, que nunca lo
sería. Que no merecía la pena.
Después empecé a culparte por todo, todo era por ti. Cualquier
día malo, cualquier desplante, amargura… cualquier daño era por tu culpa,
aunque me lo hicieran otros, porque “si hubieras estado, quizás no hubiera pasado”
… Y quizás lo que más rabia me da es que a veces lo siga haciendo, lo siga
pensando, y eso me consuma. No te
perdono, no tengo por qué.
Oh,
the queen of peace always does her best to plase
Is it
any use?
Somebody’s
gotta lose
When
all that’s left is hurt
Blood
is running deep
Some things never sleep...




