Me cogió de la mano ; fría, distante, gastada por los años, llena de las angustias de todos sus visitantes. No era venganza, no era regocijo, simplemente, los dados se habían tirado y habían caído en mi puerta. Le pregunté que cuándo volvería a verlo : "Todavía no te toca, éste no es tu viaje. No te puedo decir cuándo, pero los dados volverán a tu puerta, y ; entonces, volveré a buscarte, podrás verlo de nuevo, irás conmigo de la mano."
Entonces comprendí lo que antes no entendía, no era venganza ni regocijo, tan solo vida.
Entonces comprendí lo que antes no entendía, no era venganza ni regocijo, tan solo vida.

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