Jaulas de oro, que siguen siendo jaulas, correr y huir pero no poder escapar, y todo en vano ya; puesto que contra uno mismo no se puede luchar. Todo esto cierto es; pero, a veces, sí se encuentra forma de huir; aunque solo sea por pequeños instantes, por pequeños momentos atrapados en una fracción miserable del tiempo; y yo, lo tengo.
Un sueño de nunca acabar, olvidarse del resto del mundo, olvidar el pasado, los problemas, las personas, los malos ratos; donde no existe el tiempo, donde las agujas no marcan mi destino; donde soy libre, libre del mundo y libre de mí. Donde no recuerdo ni quien soy ni de donde vengo, lo que tuve y ya no tengo.
Me da la paz, el saber que de allí no tendré nunca que salir corriendo, sentirme bien, protegida. Que solo llegue a buscarme quien realmente sepa encontrarme. Me hace sentir que es mi lugar; que no sobro en ese puzle; me siento viva, me siento yo, sin ataduras, ni dolor; puesto que no hay hueco para el corazón, y es que; por muy grande que sea el mar, no hay lugar para tanta soledad.

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