Hoy en día vivimos en una sociedad infeliz, triste, amargada… Gente que se pasa cada minuto de sus días, de todos los días de su vida, lamentándose, quejándose de todo eso que pudieron tener pero no tienen, de todo aquello que pudieron hacer pero no hicieron, lo que tenían y perdieron… y lo único que hacen es lamentarse y lamentarse y seguir lamentándose por algo que ya ni siquiera merece la pena lo mas mínimo en sus vidas, por algo que ya pasó. Y precisamente por solo ver eso, dejan de ver lo que tienen, lo que tienen precisamente en ese mismo momento en el que se están quejando, lo que podrían disfrutar pero no disfrutan porque están mas ocupados sufriendo por gusto propio, aplazando su propia felicidad, porque todos se basan en la maravillosa idea de “no voy a estar bien hasta que termine la carrera” “no voy a ser feliz hasta que no tenga pareja” y un largo etc. Ponemos límite y fecha a nuestra propia felicidad, y es por eso, por lo que no la tenemos. Cuando esperamos y aplazamos esa felicidad al creer que única y exclusivamente la tendremos cuando hayamos conseguido todos esos propósitos o planes, es cuando la perderemos para siempre. No podemos decir “voy a ser feliz cuando…” el “cuando” nunca va a llegar, porque siempre tendremos algún “pero” que rompa ese molde de fantasía perfecta, detrás de esos ideales que moriremos esperando a que lleguen para poder ser felices. Hoy, esa es la palabra, “hoy”, hay que ser feliz hoy, con todo lo que tenemos y no vemos por ignorantes. ¿Para que pasarse la vida siendo infeliz con la absurda idea de que sólo obtendremos la felicidad cuando lleguemos a la meta, si estaremos vacíos por haber perdido todo lo que teníamos, por estar lamentándonos de lo que nunca tuvimos? … Para ser feliz, se pone vida a los años, no años a la vida, y lo importante es el camino, no su fin.

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