Tenemos cicatrices en los lugares más insospechados, como si fuesen
mapas secretos de nuestras historias personales, restos de viejas heridas…
algunas cierran dejando solo una cicatriz y otras no. Parece fácil intentar arreglarlo cuando no
sabes lo profunda que es la herida, aunque ese sea el primer paso, saber exactamente
dónde está para poder curarla. Pero normalmente no revolvemos el pasado para no
herirnos a nosotros mismos, hay hechos y palabras que duelen más que puñales. Por
eso lo olvidamos, buscamos soluciones y optamos por la más rápida. Si tienes
suerte terminas con heridas superficiales, heridas que puedes taparte con una
simple tirita, sin embargo hay otras heridas que son mas profundas de lo que parecen
y necesitan mas cuidados. Y esas son a
las que a veces hay que dejar que respiren y esperar un tiempo para que se
curen. Por eso llevamos algunas cicatrices a todas partes y aunque la herida
cierre, el dolor a veces persiste.

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