Hay días en los que me pongo a pensar, reflexionar u organizar mis
locuras varias mentalmente, que en realidad la última sería la más acertada
para mi caso. Y pienso en lo tremendamente irónicas que resultan a veces las
cosas, lo irónicas que pueden llegar a ser los momentos y las situaciones o las
personas en tu vida. Y aún más, días como hoy en los que te paras a pensar
tirada en la cama boca arriba mirando al techo, justo después de ese “empache”
de cariño, por llamarlo de alguna forma y te quedas rara, porque después de
analizarlo todo bien te percatas de que la gran mayoría de los que te quieren,
no tendrían por qué hacerlo, y los que supuestamente tendrían que quererte te abandonaron
a la primera de cambio, o no lo intentaron, o tenían mejores ofertas o
simplemente te vendieron al mejor postor cuando tuvieron oportunidad. ¿Irónico,
no? Que al final resulte que el que te quiere de verdad sea de la calle aún no
teniendo por qué hacerlo.
Luego sigues pensando y entre el cansancio y ese empache cariñoso te
planteas el qué diantres estás haciendo con tu vida, el qué quieres hacer, el
qué harás y sobre todo las ganas para hacerlo, porque después de esa sensiblería
tonta del momento te dices que ya estás harta, cansada y no puedes más… ¿Pero
qué demonios? Me he levantado toda la vida yo sola, nunca me ha ido la lástima
barata ¿por qué no iba a poder levantarme también ahora? A fin de cuentas nada
es diferente… Bueno, en realidad sí, si ha cambiado algo, me he dado cuenta de
que llevo mucho tiempo equivocada y lo he rectificado, he aprendido, y me he
liberado…
He pasado muchos años odiándote, aunque bueno, antes de pasar al odio
estuve mucho tiempo justificándote y esperándote, hasta que me cansé, claro
está, ya sea por suerte o por desgracia absolutamente nada es eterno… Te he
dedicado alguna que otra entrada en este blog, he gastado tiempo en ti. Y en
concreto en una, una vez elegí no odiarte. Decidí que todo se quedaría parado
ahí, que aunque no te quisiera tampoco te odiaría. Elegí no sentir nada, y me
equivoqué, porque son demasiadas cosas, demasiados recuerdos, demasiados años
los que tendría que reclamarte, cosa que tampoco voy a hacer, porque a estas
alturas no creo que merezca la pena.
No voy a decir que nunca te quise, que nunca me hiciste falta, o que
nunca te eché de menos, porque mentiría. Sí te quise, te echaba de menos todos
los días que recuerdo desde que tengo uso de razón y memoria, y sí, me hiciste
falta, muchísima falta. Pero nunca estuviste, y tuve que aprender a ser yo
sola, por eso te odiaba, por eso y por muchas cosas más que no vienen a cuento
ahora mismo, cosas que nunca le he contado a nadie, y posiblemente no las
cuente nunca. No soy de las que cuentan batallitas ni enseñan heridas de guerra…
Otro error que he cometido ha sido que durante mucho tiempo lo que me
ha motivado a ganar o intentar llegar a la cima, a superarme, a llegar a lo más
alto, ha sido en una parte el odio, y por otra mayor parte la rabia, el coraje,
y el orgullo, el decir “Llegué, lo conseguí, estoy aquí, y no gracias a ti
porque no te debo nada”… Cosa que si me planteo ahora, me parece estúpido,
porque da igual lo que haga, da lo mismo porque aunque no llegue a esa cima o
termine siendo o estando en cualquier lugar o situación, nunca te voy a deber
nada.
Siempre fuiste el malo de mi historia, cuando simplemente tendría que haber aceptado, o asimilado que
eres así. Que me tocó y punto. Para qué estar sufriendo por alguien que ni
siquiera sabe bien como me llamo…
Sabes… cuando era pequeña me imaginaba el cómo hubiese sido todo si tú
hubieses estado, como sería todo si yo hubiese podido cambiar las cosas, aunque
para ser sinceros, pensaba en eso cuando era pequeña y hasta no hace muchos
años. Pero después de tanto tiempo, y después de todo esto, si ahora me diesen
la oportunidad de volver atrás, y
cambiarlo todo para que tú estuvieses, no lo haría. Porque si lo hiciese
cambiaría quien soy, en lo que me convertí, y cambiaría a todas las personas a
las que quiero y que me quieren como soy. A las que sí estuvieron mientras tú
ni te acordabas de mí. Tendría que cambiarlas por ti, y no le llegas a ninguna
de ellas ni a los tobillos. Lo único que
me queda por decirte, es que yo no perdí ningún padre, no puedes perder lo que
nunca has tenido, pero sin embargo, sí gané a muchísimas personas que me
quieren. Sinceramente espero que te vaya todo tan bien, que nunca tenga que
volver a saber de ti. Adiós.

No hay comentarios:
Publicar un comentario