Y cuando por fin llegues contento, alegre, decidido… cuando llegues
sin temores, sin dudas, sin remordimientos, cuando por fin llegues a buscarme
después de tanto tiempo, o cuando simplemente llegues, no te sorprendas ni te
alarmes si te lo encuentras así, vacío Henry, porque estuve en él mucho tiempo,
más del que debí haber estado, estuve en él sentada mirando hacia todos los
lados a ver por cual de ellos aparecías, mientras te justificaba, mientras me
decía engañándome a mi misma, que ya vendrías, que solo necesitabas tiempo, que
aún no estabas preparado.
Así que ahora simplemente acuéstate en
ese banco boca arriba y piensa en todo el tiempo que perdí esperándote,
en todo el tiempo que tardaste en aparecer y en todo el tiempo que nunca
tendremos juntos, o simplemente sigue de largo y vete. Y nunca, nunca, te
atrevas a decir lo mucho que me has querido, porque para mí nunca llegaste.
Y si por casualidad algún día me echas de menos, recuerda que no me fui, me dejaste
ir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario