Llevo un par de semanas intentando escribir. Intentando sentir y ser
capaz de convertir esos sentimientos en un mar de palabras, pero era incapaz de
hacerlo, incapaz hasta tal punto que llegué a pensar que esa pequeña cualidad
se había ido junto con mi capacidad de creer en las cosas, que ya no era un
buen momento.
Entonces me di cuenta de que en realidad nunca es un buen momento para
nada.
Esperamos siempre a que haya un buen momento para hacer cualquier cosa,
esperando mágicamente que aparezca el lugar y el tiempo justo para hacerlo y
que además nos percatemos de que lo es. Pero en realidad nunca llega.
Planeamos hacer dietas después de navidades porque en navidad no es un
buen momento para hacerlas, pero no pensamos que después llega carnaval, un sin
fin de cumpleaños, semana santa, vacaciones… y tampoco son buenos momentos. Pensamos
y planificamos la forma de sacarnos un carnet de conducir durante las
vacaciones porque durante el resto del año es más complicado… “Complicado” los
365 días de cada año son complicados de una forma y otra o por un motivo u
otro, por eso no existen los buenos momentos para hacer cosas, y por eso
precisamente tienes que hacerlas desde el momento en el que se te ocurren por
muy complicado que sea, o pasarán a formar parte de esa lista de cosas que
siempre quisiste hacer y nunca hiciste.

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