Resulta curioso ver como desde pequeños nos enseñan a ser previsores,
aunque en realidad los mismos que nos enseñan sepan que es prácticamente
imposible predecir nada, que la mayoría de cada plan y esquema que formamos en
nuestras cabezas salen al revés. Es curioso ver como nos enseñan a ser
educados, pero no nos enseñan la diferencia entre serlo y defendernos, tanto
que si lo hacemos nos llaman “rebeldes”, “insolentes” o “maleducados “… Nos
enseñan a ser fuertes, valientes y
decididos, pero no nos enseñan a luchar por nuestros ideales, pues a la hora de
la verdad tendríamos que ser pacientes o consecuentes, no andar alborotando al
gallinero. Nos enseñan moral, ética y conciencia pero también nos enseñan a
callarlas cuando son más pequeñas que las de otros o tienen menos seguidores a su
causa. Nos enseñan a guardar, almacenar o recordar todo tipo de cosas,
sentimientos o personas, pero sin embargo
no nos enseñan que cuando algo se rompe o deja de cumplir su función, lo más
sensato es tirarlo, abandonarlo o dejarlo seguir por otro camino, porque con
el paso del tiempo si lo guardamos todo
y a todos, nos acabamos ahogando.

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