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sábado, 17 de agosto de 2013

Improbabilidades.



La Real Academia define la palabra imposible como algo que no tiene facultad ni medios para llegar a ser o suceder. Y define improbable como algo inverosímil que no se funda en una razón prudente. 
Puestos a escoger a mí me gusta más la improbabilidad que la imposibilidad, pues como a todo el mundo supongo. La improbabilidad duele menos y deja un resquicio a la esperanza, a la épica. Que David ganara a Goliat era improbable, pero sucedió. Un afroamericano habitando la Casa Blanca era improbable, pero sucedió… Una periodista convertida en princesa… El 12-1 contra Malta...   
El amor, las relaciones, los sentimientos, las esperanzas, las alegrías… la vida en sí  no se funda en una razón prudente, por eso no me gusta hablar de imposibilidades sino de improbabilidades. Porque lo improbable es por definición probable, lo que es casi seguro que no pase, es que puede pasar. Y mientras haya una posibilidad o media entre mil millones de que ocurra, vale la pena.

“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.” William Shakespeare.


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