Te fuiste al cielo y yo me quedé aquí con una parte del corazón
hecha añicos, echándote de menos y buscando tu cara en las caras de la gente
por la calle. Porque desde que te fuiste nunca nada volvió a ser lo mismo.
Hace unos días otro buen hombre fue a parar donde mismo estás
ahora. Se llamaba como tú. Y me recordó tanto a ti, a tu humildad, tu nobleza,
tu paciencia. Esa forma que tenías de mirar las cosas como si cada una de ellas
fueran hermosas.
Aún hay noches en las que sueño contigo, en las que me subo a un
avión y voy a buscarte, como si estuvieras en alguna nube, sueños dónde te
vuelvo a abrazar, y hablamos de todo lo que ha pasado durante estos años.
Dejaste el listón muy alto. Eres el único hombre que jamás me ha
fallado.
Espérame allí donde estés y guárdame un lugar porque algún día
tendré que ir también. Hasta entonces, me conformo con encontrarte en mis
sueños. Te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario