Hay momentos en la vida dónde todo lo que puedes hacer al final del día es apagar las luces, caer en la cama y tirar la toalla… levantar la bandera blanca. Para algunos esa especie de rendición es difícil de comprender y difícil de aceptar, pero aún así hay dignidad en ello, en pelear hasta el final, hasta que no puedas respirar. Y es en esos momentos en la cama, justo cuando las luces se apagan, donde puedes encontrar el consuelo; donde el mismo acto de darse por vencido se convierte en un punto de partida, donde abres tu mente y tu corazón sigue latiendo. Llámalo rendición o serenidad, no importa cómo, porque aquello que pensaste que nunca harías, dirías o enfrentarías es más de lo que tienes que hacer. Se convierte en lo que es, y es que a fin de cuentas es tan importante saber perder, como lo es saber cuándo parar de luchar.

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